Hace poco tiempo empecé a notar un bulto en el cuello. La verdad es que, cuando pasa esto, no hace ni pizca de gracia ¿para qué engañarnos? Para tranquilidad de mi minúscula (o nula) audiencia he de manifestar que sólo era una reacción a una afección respiratoria crónica (o algo parecido, no me acuerdo exactamente); Tampoco es que suene muy bien pero, teniendo en cuenta los ánimos con los que fui al médico, me llenó de alegría, orgullo y honda satisfacción el saber que no tenía lo que pensaba que podía tener... Cáncer, se llama cáncer, coño ¿o ahora no se pueden decir las cosas por su nombre? Bueno, a lo que iba, antes de recibir la gran noticia de que no me iba a morir pronto si no que sólo iba a tener problemas respiratorios de por vida, me vinieron a mi cabeza un sinfín de preguntas sin respuesta. La principal es:
¿Cómo se muere uno?
A ver, yo no me he muerto nunca, no sé cómo se hace esto. Estas cosas no se enseñan en la escuela y la gente con un mínimo de experiencia no se molesta en volver para explicar la mejor manera de morirse uno. Es en los momentos finales que uno echa en falta, ni que fuera, un seminario o taller donde se enseñen las técnicas básicas de redactado de últimas frases memorables para que la humanidad entera las recuerde para siempre jamás. No es lo mismo cantar el impresionante "Adiós a la vida" de la ópera Tosca o la despedida entre un baño de masas en "All that's Jazz" que decirle a tu mujer, en el momento justo anterior a expirar: "no me esperes hoy para la cena". Evidentemente no es lo mismo y puede modificar para siempre el recuerdo que tengan los demás de ti. Está claro que te valorarán mejor si llevas una muerte digna... ¿muerte digna? ¿Alguien sabe cómo se muere dignamente? Digo yo ¿es indigno aferrarse a la vida desesperadamente? O lo que es lo mismo ¿qué tiene de digno aceptar la muerte, sin resistirse, menospreciando todo lo que dejas en este mundo? Sin duda, no se puede opinar si no se ha muerto uno antes. Llegados a este punto, hay otra pregunta que viene sola:
¿Hay algo después de la vida?
Cuando los gurús de cada cultura te explican su versión, cada una diferente, la cual ha sido convenientemente modificada a lo largo de la historia para ser adaptada a los grandes públicos después de un pertinente estudio de mercado, uno ya no sabe qué pensar. De hecho, nadie ha vuelto para explicármelo aunque, si se consigue demostrar la teoría de cuerdas, cualquier cosa es creíble, la verdad. Y, claro, no es lo mismo irse con la tranquilidad de que sólo es como si te trasladaran de una sede a otra en tu empresa y que tu familia, con el tiempo, ya se vendrá a vivir contigo (igual para más de uno eso último es una preocupación añadida más que de tranquilidad) que desaparecer y ya está. Esa es otra cosa que me reconcome las neuronas ¿cómo es eso de desaparecer? ¿te desconectas cual robot? ¿ya está? ¿nada más? ¿qué se siente no existiendo?
¿Qué puedo hacer si hay vida después de morir?
Aparentemente lo más divertido que hay es ser un poltergeist de esos. Espiritus burlones que se pasan el día puteando al prójimo hasta matarlo de un susto. El gran problema, al menos por la información que tengo, es que no pueden salir de la casa en la que están, o al menos en las películas es así. Normalmente son casas en las que había un cementerio debajo, alguna secta rara se dedicaba a sus rituales o, lo más normal, alguien se cargó a no sé cuanta gente allí. Sería fantástico el poder salir a pasear cuando se quisiera y poder ir por los gimnasios a espiar en los vestuarios femeninos sin que te viesen; lo que no sé, al dejar todos los órganos en tierra, es si disfrutaría o, sencillamente al no sentir ni padecer, me aburriría. Esto último se podría aplicar a cualquier actividad que ahora me parecería lúdica pero que una vez muerto igual carece de todo interés. Aunque lo más probable es que me toque hacer la peregrinación a San Andrés de Teixido, que a pesar de que pasé por al lado un día, nunca fui de vivo.
Otra opción que me parece atractiva es la de ir al cielo musulmán, esa donde te encontrarías con todo un harén de vírgenes para ti solito... pero creo que te ponen como requisito haber profesado su religión. Eso tendría que confirmarlo en cuando llegue al cielo ese. Igual no me piden papeles y puedo colarme por la cara.
La de los cristianos tiene su enjundia ¿Quien decide si voy al cielo o al infierno? La verdad, no he sido ningún santo y he pecado mucho en mi vida, tanto de acto como de pensamiento. Vamos, lo justo para pensar que no soy merecedor de entrar en el cielo. Pero, el infierno? Tampoco he hecho tanto daño como para merecer el fuego eterno, sería un castigo excesivamente desproporcionado.
¿Me puedo reencarnar?
Depende. Si lo he de hacer en una cucaracha o en un gusano, pues como que no, que no me viene en gana. Pero si lo hago en gato de mi madre, eso sí que es un lujazo. Los gatos de mi madre han comido exquisiteces que ni en sueños puedo alcanzar. Mimados hasta lo inimaginable! Luego está lo de reencarnarse en otra persona ¿Me llevaría recuerdos y experiencias? Supongo que no, ya que si yo ya fuera una reencarnación me acordaría de mi vida anterior y ya tengo bastante en controlar la interior.
Realmente son muchas cosas a las que vas dando vueltas cuando te parece que te vienen en poco tiempo. Pero la gran pregunta que me he hecho ha sido: ¿Cómo se muere uno?